La magia de un pueblo. Voces del desierto

Roberto Carlos Mirás Mirás

Roberto Carlos Mirás Mirás

En el avión todo eran voces que sonaban a encantamiento. Distintos compañeros hablaban unos con otros de lo que nos esperaba. Comenzábamos un viaje… Nos adentrábamos en la magia del desierto, en ese mundo lejano para unos y cercano para otros. Los hombres azules nos estaban esperando llenos de misterio. Los saharauis llevan más de veinticinco años reivindicando un territorio y nos iban a hacer de cicerones en un mundo aún por descubrir… El desierto. Durante el trayecto venían a mi memoria las preguntas realizadas una y otra vez a lo largo de los años, interrogantes que de momento no tenían respuesta, ¿desde cuando estaban allí?, ¿es cierto todo lo que se habla sobre ellos? Había visto mapas, hablado con  mucha gente… Recuerdo las palabras del pensador Tácito: «Hicieron un desierto y lo llamaron paz». Veía las imágenes, grabadas en mis pupilas, los chamanes llamados taleb y las formas que  tenían estos pueblos de darse a conocer, de recordarnos que no debemos olvidarnos de ellos. Este viaje  nos serviría para adentrarnos en ese mundo en donde impera el silencio.

Llegamos a un tierra dura, de arenas, de rocas y piedras en donde los oasis se encuentran por centenares. Son verdaderas islas de vegetación en el desierto. Abundan las llanuras pedragosas, y las extensas mesetas (Hamadas), cadenas de dunas (Erg),  y los macizos montañosos que superan  los trescientos metros. Ya lo escribía el poeta y aviador francés Saint Exúpery «Al Sahara hay que conocerlo para amarlo, por qué amándolo no se abandonará jamás» Una y otra vez me preguntaba: “¿cómo pueden sobrevivir aquí?”

En Argelia concretamente a 600 kilómetros de Marruecos un saharaui por lo bajo nos decía: «Llegamos aquí con las manos quebradas. Dormíamos junto al fuego como las ratas hasta hoy» Más tarde la hospitalidad hace acto de presencia «Tomad el té, primero, que es como una escuela de vida, como una línea recta que debemos seguir en pleno desierto. El primero es amargo, amargo como la vida, el segundo se vuelve a hervir, sale dulce como el amor, el tercero sale suave como la muerte y otros dicen como las brisas del mar» No hay prisa, no hay reloj que dé las horas, sus caras son alegres, sonrientes, sencillas…

Tras haber estado en el Sáhara muchos años y siendo autor de una monumental obra «Historia del Sáhara Español, la verdad de una traición» el Coronel José Ramón Diego Aguirre describe a los saharauis  «como  una población nómada de la etnia bereber con aportaciones árabes. Básicamente nos explica vivian de sus camellos, de sus cabras, alimentándose de leche, de harina o de algunos vegetales. Islamizados en el siglo VIII, pero sobre todo en el siglo XI, cumplen las prescripciones coránicas con extraordinaria fe, y practican la hospitalidad del desierto» A lo que añade: «No usan el tatuaje pero utilizan la pintura en gran abundancia. Los hombres se pintan con el «cachela» que es una piedra azul de manganeso que se encuentra en grandes cantidades en el Meseied del Aaium”

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TUAREG

En la desolada inmensidad sahariana viven una raza de ladrones nómadas a los que a causa de su impiedad  los árabes han llamado «Tawarek» o «abandonados de Dios» no tienen nada que ver con los beduinos, ni con otros grupos étnicos. Los tuareg fueron conocidos en todo el Sáhara como los «señores del desierto» Son dueños de una cultura con gran originalidad, una lengua propia el «Tamachek» y hasta un alfabeto, el «Tifinigh» Aparecen relatados por primera vez en las crónicas de León el Africano en el siglo XV. Cuando tiene la edad de casarse el joven tuareg se cubre el rostro con un velo (el chéche) para siempre. El velo tiene de ocho a doce metros de largo y suele estar teñido de añil. ¿Porque cubren el rostro los tuareg? Unos encuentran una respuesta religiosa; los tuareg son musulmanes y piensan que así se imita al Profeta, y otra de las hipótesis nos dice que, es así como se protegen de los espíritus malignos. Como dice la canción, ¿qué quiere un tuareg? A lo que responden: «Un hombre quiere su camello blanco, su montura roja, su tabuka, (espada mortífera) y una canción de amor»

¿Sois tuareg, beduinos o bereberes? -les pregunto- , «Los saharauis somos beduinos, al contrario de todo aquello que de nosotros se ha dicho. Con el paso del tiempo hemos dejado de ser nómadas  por culpa de las distintas tecnologías, -me dice-,  Mahayub Sidina ex  Delegado del Frente Polisario»

De los hombres azules o de los tuareg, como se les conoce, ya me había hablado hace algunos años el periodista Miguel Blanco. Según sus palabras y hasta donde la memoria me permite, Miguel había podido ganarse la confianza de uno de los ancianos, y con mucha paciencia, le había sacado a un niño de los ojos, un montón de moscas calentando agua caliente en una de sus jaimas.

¿Cúal es su historia? Pregunté a nuestro guía. Suleiman me mira, es un saharaui alto, delgado, al cual no le adivina la edad, sólo se le ven sus ojos a través de su turbante negro «La palabra tuareg deriva del árabe -nos explica-,  y el singular es targui. Se pensaba que eran descendientes de los Cruzados cristianos. Hoy sin embargo, se sabe que son bereberes de raza blanca. Una teoría mítica pretende encontrar una relación entre los tuareg y la legendaria Atlántida, de donde huyeron antes de que el Océano los hubiese engullido» Según un dicho saharaui: «Un tubu puede sobrevivir tres dias con un dátil; el targui lo supera, pero si el tubu es insidioso, el targui es leal» La mujer tuareg es la gran liberada del mundo islámico. De fuerte tradición matriarcal, la sociedad es monógama y otorga a la mujer el  derecho a llevar las riendas en el juego amoroso y la economía del hogar. Mientras los hombres se cubren el rostro con un amplio velo, las mujeres llevan la cara descubierta y atrasan el casamiento todo lo que pueden para mantener la independencia.

SU MAGIA

Subimos con Suleiman en el Jeep que nos hace de cicerone por el desierto. «Dese  cuenta, -me explica-, los  tuareg conservan en su vida familiar rasgos de las ideas cristianas. Llaman a su Dios el ‘Mesías’ y a su buen genio Anyelus. Adoptaron la fe musulmana después de la conquista árabe en el siglo XVII. Su religión no es rígida, no estamos hablando de una religión de ayunos»·

En la Sura número cuatro del Corán, se relata como «Dios, Demiurgo de todas las cosas dió vida a unos extraños personajes» Creen en las prácticas animistas, en los hechos sobrenaturales. La entrada está justo en la dirección contraria al viento. ¡Ha llegado el taleb! Oigo decir, ¿quien es el taleb? pregunto asombrado a Suleiman? «Es un personaje respetado, un hombre de conocimiento y sabiduría. Según la necesidad, sirve de chamán o de simple consejero. Hace talismanes que contienen papeles llenos de símbolos mágicos. Es para proteger a las personas de los malos espíritus y de los djenums, trasgos que para los tuareg son el origen de las desgracias y de todas las enfermedades»

Ya el antropólogo español Julio Caro Baroja, en sus clásicos «Estudios Saharianos» publicados en 1955 apuntaba: «Los yin (singular «yun») son espíritus que producen mucho daño a las personas. Con frecuencia son oídos  y existen muchos casos en que puede vérseles. Se dice que en el Tigris, cerca de la ciudad santa de Auserd existe un lugar entre dos montes, llamado Leynad, en donde suelen hallarse en gran número. Bailan, cantan y no permiten que suba nadie dónde están, salvo los que llevan escapulario. Los trasgos que viven en los árboles, las montañas y los pozos, tienen, entre otras cosas, la culpa según  los tuareg de que los viajeros pierdan el camino»

Mientras el jeep va de un lado a otro, me cuenta como los «arqueólogos del Museo Canario» realizaron una expedición hace algunos años. Según sus portavoces existen unas montañas con el nombre de Lechuad, también conocidas como ‘Montañas del Diablo’ dónde existen innumerables cuevas con grabados rupestres. Muchos dicen que quienes pasan cerca de estas montañas oyen voces humanas y gemidos de animales, sonidos del pasado, retenidos por el magnetismo de esas montañas»

Bir Lehlu es un punto de agua permanente y, por lo tanto de obligado paso de las caravanas, donde se encuentran vestigios de primitivos asentamientos y cementerios de cuyos orígenes no existe memoría entre los saharauis. Dos periodistas cubanos me decían «Los pozos profundos fueron contruidos por los ‘hilaliyin’ término que se emplea para denominar a los antiguos pobladores del Sáhara Occidental. Igualmente casi todos los vestigios arqueológicos, como los túmulos funerarios y demás construcciones ciclópeas, así como las estaciones de grabados rupestres son atribuidos a los enigmáticos ‘hilayin’ . Hilal se denomina a la luna creciente en el momento de su máximo distanciamiento de la Tierra. Yin puede traducirse como un conjunto de cosas muy extrañas»

Suleiman me mira firmemente, con su vista me manda subir al jeep; continuamos. Estamos hablando de antigüedad, de arqueología. Recuerdo aquel libro que leí hace algunos años «Arqueología Psíquica, la máquina del tiempo hacia el pasado, un equipo científico psíquico describe una antigua civilización» y si, realmente fuera verdad… Antes de la islamización (siglo XI d. de C.), según la población saharaui, estas tierras estaban pobladas por personas de más de dos metros de altura, rubios, de tez blanca que practicaron la ganadería y la guerra contra los hombres negros del Sudán, que actualmente correspondería  con Mauritania, Mali y Senegal. Pero se extinguieron sin saber por qué. Siempre me había llamado la atención él poder descubrir, poder estudiar aquello desconocido. Y eso estaba haciendo.

Durante el viaje, mientras hablábamos una y otra vez con Suleiman, venían a mi mente las palabras del periodista Jaime Barrientos: «siempre que puedas investiga, vete hasta el fondo de las cosas, no te quedes en la superficie»La palabra Tassili  hacia acto de presencia. «Su nombre -me explica Suleiman-,  en el lenguaje de los Tuareg significa ‘meseta de los rios’. Sin duda la meseta existe, en cuanto a los rios, ya es otro cantar, pues sólo hay valles resecos. Constituye  el descubrimiento más importante de los últimos tiempos arrojando una nueva luz sobre el Neolítico africano» Son verdaderos archivos que permiten formarse una idea muy clara de la población antigua del Sáhara, de los antiguos tipos étnicos que las recorrieron, de las rutas que unían al Mediterráneo con Níger. Entre sus creencias figura la del mal de ojo. «Las personas portadoras de la mala suerte -nos cuentan-, transmiten a otras personas esa mala fortuna. La familia de los sujetos así afamados se ponen en el cuello numerosos escapularios y un mechón de sus cabellos son arrojados al fuego para desposeerle de esta virtud maléfica. Otra de las formas de anular el maleficio es estrellar un huevo en la frente del gafe, de manera que éste, cogido de improviso, sufra tal susto que haga salir al demonio de su cuerpo. La paz del desierto se aleja. Suleiman me mira… El viaje prosigue.

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